¿Tecito o cafecito?

Reflexiones
Lengua, cultura y experiencias.


3–5 minutos

En español, los diminutivos varían el significado de las palabras. Por lo general, los utilizamos para referirnos al tamaño más pequeño de algo: caja-cajita. A veces, los usamos de forma despectiva: ¿cómo estuvo tu fiestecita? También, cuando queremos restar importancia a una situación: ¡Perdón, fue solo una bromita! Y, por último, mi preferida, para suavizar o expresar cariño: ¿estás cansadita? ¿Quieres comidita? ¿Tienes un tiempito?

Hace unos días, le pregunté a una amiga que comparte mi idioma, pero no mi nacionalidad: “¿Quieres un tecito o un cafecito?” Y luego de haberle preguntado, reflexioné. ¿Será que pensó que le estaba ofreciendo una taza pequeña? Esto me hizo pensar en las diferencias culturales, en cómo una palabra o una frase en el mismo idioma puede significar algo completamente diferente dependiendo del país.

Luego pensé en coche, carro, auto, que, dependiendo del país, son sinónimos de automóvil. Sin embargo, en Chile corresponden a tres objetos diferentes: el coche para las guaguas, el carro para hacer las compras y el auto, vehículo motorizado para transportarnos. Pero, ¡no quiero irme por las ramas!

Volviendo al tema, en Chile es normal que en contextos familiares y de amistades a los niños se les llame por su diminutivo: Mateo-Mateito, Daniel-Danielito, Paula-Paulita, Carmen-Carmencita… De esta forma, expresamos nuestro afecto y ternura hacia los peques. Por lo general, los diminutivos se mantienen, pues es natural que los niños crezcan y los adultos envejezcan, manteniendo la diferencia generacional en el tiempo. También es cierto que, al crecer, hay personas que prefieren su nombre de pila sin apodos ni diminutivos, y está muy bien.

Cuando hablo de suavizar palabras, me refiero a algunas que pueden sonar un poco más fuertes o agresivas, como perro o perra. Por lo general, se habla de perrito-perrita, y si son cachorros, será un perrito pequeño o chiquitito. Igualmente, con otros animales, objetos o personas que nos produzcan ternura y el uso del diminutivo nos haga más sentido: pájaro-pajarito, libro-librito, anciano-abuelito.

Aunque como en todas las sociedades, los usos y límites lingüísticos están claros, y han sido determinados por la sociedad misma. Existen personas que utilizan los diminutivos de sobremanera en todo contexto. Y al venir de una persona extraña, esto puede sentirse incómodo e inadecuado, ya que el uso de los diminutivos en contextos impropios puede sonar infantil o, peor aún, displicente.

Mientras que, en el contexto adecuado, como en casa de familiares o amigos, siempre será con un tono cariñoso. Ya sea para referirse a la comida (tecito, agüita, cafecito, un pancito, etc.). U otros temas (lamento que estés cansadita, duerme una siestecita). Asimismo, con mamita, papito, hermanito, hermanita, abuelito, abuelita, amiguito, amiguita.

Los diminutivos son la extensión del afecto que nos entregan y sentimos. Si alguna vez una de mis abuelas me hubiera llamado Ángela en vez de Angelita, o hubiera utilizado menos, o peor aún, ningún diminutivo al hablar conmigo, me habría sentido poco querida y sin duda habría cuestionado su amor hacia mí.

¡Y sí! Entiendo que pueda sonar exagerado para quienes comparten el idioma, mas no la cultura. Es que, en Chile, el ito-ita es más que una construcción gramatical: es una forma de expresión afectiva e identidad cultural.

Y en tú país, ¿cómo se usan los diminutivos?


Recuerda que cada viernes subo una reflexión y el último día del mes un nuevo relato con pebre, ¡para que sigas aprendiendo español y cultura chilena! ¡No te los pierdas!

Y si aún no lees los relatos anteriores, ¿qué estás esperando?

¡Feliz fin de semana!


Diminutivo: forma de una palabra que expresa tamaño pequeño, cariño o suavidad. En español suele formarse con -ito / -ita.

Guagua: bebé.

Irse por las ramas: expresión que significa desviarse del tema principal o empezar a hablar de cosas que no son relevantes para el contexto.

Peques: forma cariñosa de decir niños pequeños.

Nombre de pila: nombre propio de una persona (no el apellido).

Sobremanera: en exceso, demasiado.

Displicente: que muestra indiferencia o desinterés y puede parecer poco amable.

Tecito / agüita / cafecito / pancito: diminutivos muy usados en contextos familiares para ofrecer comida o bebida con cariño.


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